sábado, 31 de enero de 2009

Filantropía

Trabajó duro toda su vida. Era ingeniero físico nuclear. Logró una fortuna que trascendía cualquier cantidad imaginable.

Despreció a las mujeres más bellas. Ignoró los autos más fantásticos y nunca gastó en vinos importados. Usaría su fortuna para la causa más importante: darle paz al mundo.

Empleó su dinero para comprar materiales y mano de obra que le ayudaran a construir una termo-nuclear. Al cabo de un año, tenía una bomba de uranio-235 del tamaño de un submarino.

Necesitó de varios helicópteros para levantarla y llevarla hasta el Ecuador. Allí la dejó caer y, desde uno de los helicópteros, observó como se destruía el planeta. La explosión alcanzó el cielo y el hombre se desintegró.

Siete días después, convertido en el espíritu universal, estaba terminando de construir la tierra.

Esperaba que, ahora sí, su obra fuera perfecta.

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